Mostrando entradas con la etiqueta Principios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Principios. Mostrar todas las entradas

Serás misógino, si te importan las mujeres.

| | 19 comentarios |

Edvard Munch - El vampiroSi atendemos a lo que dice el diccionario de la R.A.E. observaremos el siguiente significado de la palabra misógino: “1. adj. Que odia a las mujeres, manifiesta aversión hacia ellas o rehúye su trato”. Visto en estos términos ser misógino no parece ser algo muy elogiable. Pero el diccionario sólo explica qué significa una palabra, no lo que ha llevado a alguien a semejante situación.
De lo primero que habría que darse cuenta es de que sólo se odia lo que afecta a la persona en alguna medida. Una vez que entramos en la afectación hay que entender que una primera consecuencia de ésta es que funciona en el sujeto siempre de forma subjetiva. Es decir, lo que nos afecte y el grado en el que nos afecte, dependerá en buena medida de la personalidad del individuo. Justamente por este motivo el estoicismo o algunas religiones buscan concentrar sus esfuerzos en reducir la afectación del individuo para hacerlo independiente de lo que es exterior a él.
Asimilando pues que existe un margen importante de subjetividad en el odio de un misógino, también hay que comprender que si algo afecta es porque en alguna medida, “importa”. Si una persona no cree que existan los marcianos, malamente los podrá odiar. También hay que tener en cuenta de que al odio no se llega por un único camino. Por ejemplo, se puede odiar algo porque se quiera que sea de otra forma o, directamente, porque se quiera destruirlo. De hecho el amor y el odio entre las personas comparten el “ir hacia alguien”. La diferencia es que en el amor se va en su pro, y en el odio en su contra.
La misoginia suele ir pareja a la misantropía y fácilmente puede ser hija de la ésta. En cuanto a esto hay que ver la similitud ya que, si el misántropo detesta a la humanidad como concepto (no a un individuo en concreto), el misógino odia a la idea de mujer (igualmente no a una en concreto). En este punto, si retomamos lo dicho en las implicaciones de la “afectación”, observaremos que, frecuentemente, el misógino odia a las mujeres porque le hubiese gustado que fuesen de otra manera. El fin del odio no sería la destrucción, sino el cambio. En este punto creo que ya se puede comprender mejor el que un escritor como Vidal haya dicho que “[…] sólo los que aman mucho a las mujeres pueden ser misóginos”.
Desde esta perspectiva la misoginia pierde su matiz destructivo y, curiosamente, acaba siendo necesaria. De la misma manera que sólo puede encontrarse el que se sabe perdido, sólo puede edificar algo quién odia lo que no se construye por el camino adecuado.

Seguir leyendo...